La tarea de proyectar es mucho más amplia y abarcativa que la simple acción de articular espacios respetando indicadores urbanos. El impacto generado por un nuevo edificio no termina en la resolución de un cobijo para sus futuros moradores dentro de los límites de un terreno, sino que configura la implantación de un objeto, que de algún modo se relacionará con su contexto, para enriquecerlo o desmejorarlo.
Si luego de visitar un lugar volvemos con la retina cargada de imágenes reconfortantes, seguramente habrá detrás de ello alguna reglamentación que lo sostenga, al tiempo que una consideración similar de su población.
Desde 1995 tenemos un edificio como el entonces llamado Casa Tía, aprobado municipalmente merced a diversas excepciones, que flaco favor le hace a la calidad del contexto inmediato y que nada enriquece la imagen urbana. Podríamos decir que tenemos un galpón de una manzana en pleno centro de la ciudad. Hoy nuevamente tenemos una situación similar con el supermercado Tehuelche, con un aporte muy pobre hacia la ciudad. Su relación con el entorno se ciñe a tres medianeras a la vía pública y una fachada con algún juego volumétrico hacia la ruta 22. Es una construcción cuya única función es almacenar y despachar materiales, sin aportar nada a la ciudad, o sea sólo sirviéndose de ella. Es una construcción propia de un parque industrial, no de un área urbana.
La aparición de estos casos lleva a pensar que la aprobación municipal de un proyecto no debe limitarse a las pautas actuales sino incluir otros conceptos, no considerados actualmente, que contemplen qué tipo de relación y respeto establecen con el entorno donde se insertan, lo que no puede quedar al libre criterio de proyectista y comitente.
Es un aspecto de valoraciones no exactas, sujeto a interpretaciones subjetivas, por lo que resultará menester la participación de múltiples miradas, para lograr una mayor objetividad.
En los últimos años el Colegio de Arquitectos de Neuquén ha ofrecido sobradas muestras de aportes, no sólo atinentes a la valoración de la labor de los matriculados, sino también a la comunidad en general. En todos esos casos ha mostrado capacidad profesional y de gestión que bien podría ser aplicada en este caso proponiendo la conformación de una instancia que supervise este aspecto.
Arq. Otto Hansen



